Hola, soy tu antiguo blog, ¿te acuerdas de mí?
Hace no tantos años volcabas toda tu creatividad y tus opiniones más polémicas en mí. ¿Qué pasó? ¿Fue cosa mía? A lo mejor poco a poco dejé de ser útil para ti y fuiste utilizando cada vez más eso que llamáis "estados de Facebook". Puede que antes tuvieras más tiempo libre, y una vez que encontraste pareja ya no requerías de un puñado de caracteres bajo una máscara de pseudo-anonimato para desahogarte de tus frustraciones. O a lo mejor yo no supe adaptarme al reconocimiento social que necesitabas cada vez más. No lo sé... Quizá fue una mezcla de todo.
Seguramente ahora si volvieras a repasar los fragmentos de ti que plasmaste en mí, sentirías algo de vergüenza. "¿Cómo podía expresarme de esta forma tan zafia?". "¿Cómo pude pensar que se acababa el mundo porque esa persona pasó de mi?". "¿Cómo le di tanta importancia a este minúsculo asunto cuando ocurrió?".
Y mientras tanto, ahí sigo, esperando. Mi última entrada contiene la falsa promesa de que escribirías más a menudo. Jamás la cumpliste. Escribiste que hacía mucho que me tenías abandonado, y que no volvería a ocurrir. Ya ves, qué cosas.
En fin, me despido de ti, esta vez con la convicción de que será la definitiva. Espero que dentro de un tiempo te cures de esa inseguridad que te llevó a escribir en mí y vuelvas a leer lo que escribiste con una sonrisa en la boca y un ápice de nostalgia por lo sencillo que era todo entonces.