George Bailey llega agotado a su "nueva" casa en el número 320 de la calle Sycamore, tras pasar toda la mañana y toda la tarde en la oficina intentando evitar la quiebra de su negocio familar de préstamos.
La casa, conocida anteriormente como la Vieja Casa de los Grandville en todo Bedford Falls, es un caserón abandonado durante muchos años, donde los niños de la ciudad se dedican a tirar piedras contra los cristales ya resquebrajados de la casa, para pedir deseos.
No lo podía creer, una noche varios años antes Mary Hatch bromeó con comprar en algún momento esa vieja casa, y hoy por fin, todo se hizo realidad. Hoy, el día de su boda. Con él.
Es cierto, hoy había sido un día horrible: había gastado todos sus ahorros de varios años, que Mary y él pensaban gastar en viajes (primero, a Nueva York, después... El mundo entero), en devolver en forma de pequeños préstamos las acciones que los clientes daban por devaluadas. Pero al menos el día había pasado, ya se sentía casi en casa.
Estaba tan cansado que no se dio cuenta de los carteles gigantes de publicidad de destinos paradisiacos que adornaban el interior de la vivienda y que se podían ver a través de los ventanales. Habían salido de alguna pequeña agencia de viajes en horas bajas, sus mejores amigos Bert el policía y Ernie el taxista los colocaron en las paredes y ventanas sin que él sospechara nada.
Abrió la puerta, y...