Como no podía ser de otra manera, sigo con mi sexta recapitulación de otro año que nos dice adiós.
Porque 2018 ha sido el año en que...
- Firmé un contrato con una empresa muy reconocida que apostó por mí y, a día de hoy, sigo encantada.
- Vi a mi grupo favorito por el precio más barato que los voy a ver nunca, y además sacaron disco nuevo.
- También pude ver a un par de grupos que tenía muchísimas ganas de ver, ambos americanos.
- Fui a dos bodas en dos países europeos en menos de dos meses.
- Planifiqué un viaje al país que más he visitado con tres días de antelación y salió a pedir de Milhouse.
- Me enamoré de nuevo, recuperé la ilusión con alguien que me gusta hasta el infinito y más allá.
- Seguí patinando siempre que pude, y volví a hacer la San Silvestre con mis amigos.
- Por primera vez cumplí el propósito de ver todas las películas nominadas al Oscar en la categoría principal y todas las que pude de otras, y pudiendo decir con conocimiento de causa que otra película con tintes de comedia negra se merecía a mi parecer el mayor galardón (así como el de actor secundario, el cual sí consiguió).
- Vi una película en apariencia simple y con no más efectos especiales que un disfraz de fantasma hecho con una sábana, evidenciando que no hace falta grandes extravagancias si el guion y las actuaciones son buenas.
- Regresé a ese peculiar pueblecito de Washington, y me encantó (conociendo de paso a un grupo que le canta a los ajolotes y quedándome prendada de ellos).
- También ha sido el año en el que se fraguaron en mi cabecica dos cambios muy significativos que tendrán repercusión este presente 2019 directamente en mi salud.
Veamos cómo se da este año.