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Thursday, 28 February 2013

Die Brücke über der Stadt

Todos los días con el tranvía, Muireann pasa por un puente que sobrevuela la autovía. Le gusta mirar hacia la izquierda siempre que se acuerda, para poder tener una vista panorámica de la ciudad y las montañas que la rodean.

Según el momento del día, esta puede estar cubierta por una niebla espesa que con las horas va desapareciendo, o completamente bañada por el sol, o a veces ve el monte rozando las nubes que descargan su contenido condensado sobre el valle.

Había pasado mucho tiempo fuera, pero ahora que ha vuelto a sentirse "de aquí", se daba cuenta de que la mayor parte de su vida la había pasado entre ese pequeño laberinto de calles y bloques que ahora podía ver entero en menos de un segundo a vista de pájaro. Tantísimas horas, tantos paseos, fiestas, momentos tristes, conversaciones increíbles, botelleos, enfados, recados, compras, experiencias en general... Todo. Todo había ocurrido casi a ciencia cierta en esa pequeña cuadrícula irregular de callejuelas y edificios salpicada de parques y plazas de formas redondeadas.

La mayoría de la gente que en algún momento había significado algo para Muireann había pasado una cantidad de tiempo considerable en esta ciudad. Habían vivido ahí varios años aunque no lo hicieran ya, o seguían por ahí sin perspectiva de cambiar de aires. Todas esas personitas que se habían movido en algún momento de manera errática con un movimiento browniano de un local a otro, de un parque a la otra punta del núcleo urbano, de un cine a una cervecería con o sin patrón definido, habían tenido un vínculo con la ciudad de una forma u otra. Lo cual hacía que, cuando miraba la estampa desde el tranvía, pensara de golpe en un cúmulo de recuerdos que había compartido con toda esa gente, aunque ya no formaran parte de esa película independiente dirigida por Harmony Korine que era su vida.

"Por una vez, no pienso en la parte negativa", reflexionó, "me quedo con los momentos bonicos que he pasado en esta ciudad".

Wednesday, 25 April 2012

Real life


"No puedo más, no lo conseguiré nunca".

Mientras esta frase resonaba sin parar en la cabeza de nuestra Muireann, a su vez pensó lo irónico que era el sentir consuelo en la música. Sonrió (y nadie lo vio) recordando que poco ha cambiado la situación desde aquellos tiernos 16 años. "Sigo pensando lo mismo que cuando era una adolescente". ¿No se supone que la gente cambia, madura...? "Se ve que esas cosas no están hechas para mí". Entonces, ¿por qué todo el mundo se empeña en seguir los mismos patrones, a saber: estudiar, consumir y trabajar hasta quedarse obsoleto, retirarse del ojo público convertido en un despojo inútil y venido a menos?

El camino no era como lo imaginó, ni cómo se lo pintaron en las películas de su infancia. Las aventuras, la emoción, los amigos que se mantienen fieles a tu lado toda la vida... No podía evitar darse cuenta de que en raras ocasiones consiguió llegar al fondo de un amigo, ese tipo de cosas sólo ocurren en las pelis de Bergman, o en Los Goonies.

Dudas, dudas, agobios...

Lo de siempre, vamos.

Tuesday, 24 January 2012

Zombie

Muireann is going downhill easier and easier.
Guess at this point, the weight of life on her shoulders is finally bringing her down. Will she be able to...? Who knows wether she'll stand up again or not? Who wonders wether she'll fight back, or not?
... Who really cares?

She felt as if feelings and life itself had nothing more to offer. Maybe...


Sunday, 1 January 2012

La mejor despedida

Hay que ver cómo cambian las cosas en un año. Los "eternos", que siempre estarán ahí, se mantienen. Unos cuantos se han quedado por el camino, y a la vez otros nuevos se incorporan a esta trama que es la vida, como si de actores de una película se tratara.

En este ya extinto 2011, nuestra protagonista Muireann ha tenido que lidiar con la pérdida de algunos personajes de relativa relevancia en su vida, unas más traumáticas que otras, pero una aparición estrella en esta última tanda de episodios de la temporada hizo que todo cambiara a mejor. En especial, en un intenso episodio final, la compañía de Antóin hizo que nuestra little lost girl se planteara esta próxima temporada con un poco más de optimismo. No hay ni punto de comparación con el final de la etapa anterior, pensaba constantemente ella.

And, for once in her life, she thought everything was worth it because he made it that way...


Sunday, 28 March 2010

Tarde productiva

Sonó su móvil, le habían dado un toque. Cierto, ya no se acordaba… Hoy venía él e iban a quedar. Hace unos días tenía muchas ganas de verle, sabía que no lo estaba pasando demasiado bien últimamente porque la persona a la que más había querido en su vida tenía planeado marcharse a 2.224 km por temas de trabajo, pero ahora… Ahora Muireann no tenía ganas de nada.

Recordaba que antes de Navidad él vino a propósito para hablar con ella y pedirle consejo porque, según decía, tenía “experiencia en relaciones a distancia” y no sabía qué hacer en esta situación. Se preguntaba qué habría pasado ahora, cómo estarían las cosas entre su amigo y esta chica. Si había ido a verla, si ella había vuelto porque no soportaba estar lejos de él, si en cuanto terminara en junio la carrera se iría con ella a hacer el máster en dirección de fotografía del que tanto hablaba, y si dentro de unos meses estarían sentados en un banco de Hyde Park comiendo fish and chips el uno junto al otro viendo a las ardillas corretear de árbol en árbol sorteando las hojas secas.

Quién sabía.

Le mandó un mensaje diciendo que no se encontraba muy bien, que más tarde le llamaría. Sabía que iba a preguntarle por todo, sobre lo de siempre, y que una vez más tendría que contarle la misma historia que ya se había cansado de repetir. Le invitaría a un café, charlarían un poco, y no le volvería a ver hasta varios meses después. Todo molaba más hace tres años cuando él estaba a dos metros escasos, pensó nuestra Muireann, cuando pasara lo que pasara, siempre estaba él viendo alguna serie de anime dispuesto a contar sus penurias con la infantil de su ex y preparado para escuchar lo que hiciera falta.

No le apetecía hablar con nadie en ese momento, lo sentía muchísimo pero estaba ocupada con los ejercicios de una práctica. En fin. Era lo que tocaba.

Cogió el móvil…

Saturday, 3 February 2007

"Muireann - A Day in the Life", Chapter 1

Muireann no era una chica normal. En el autobús siempre se sentaba mirando hacia atrás, al revés del mundo. Estudiaba fuera, y pasaba casi más tiempo en el autobús que en clase. De esta manera, veía seres de lo más variopintos sentados cerca de ella, seres que imaginaba, personajes en proceso de perfilado. Y es que Muireann vivía más en la fantasía que en la vida real. De pequeña siempre fue la “rarita” de su clase, así que pasó mucho tiempo devorando libros de la colección Barco de Vapor y memorizando poemas de un poeta español muerto en el 36. Luego, con el paso de los años, su afición por los libros dio paso a un ansia enfermiza de ver películas y reconocer actores (Muireann era zurda, por lo que el hemisferio derecho de su cerebro, al ser dominante, le permitía reconocer caras con mucha facilidad). También le gustaban los cómics independientes europeos y americanos, y la música le apasionaba tanto que componía (cosa que muy probablemente también tenía que ver con dicho hemisferio dominante) pequeñas piezas que nadie más que ella escuchaba.

Nunca se consideró lista, aunque los tests decían lo contrario, y tampoco se consideró guapa en absoluto. Idolatraba a su padre Padraig, aunque no compartían muchas aficiones, y le encantaba personificar a hámsters rusos enanos Roborowski. Era muy enamoradiza (pero sus gustos eran poco convencionales), adoraba los días nublados, y prefería poner los nombres de la gente en gaélico para disfrazar la realidad. Además, no podía subir dos tramos de escaleras sin ahogarse debido a su asma, y disfrutaba más que nunca con una taza de té English Breakfast calentito entre las manos.

Pero volvamos al tema de la fantasía. Solía inventarse la personalidad de personas que no conocía, como la del chico misterioso que veía en la estación de autobuses todos los lunes por la mañana o el “alga” bajista que le quitó el sueño durante meses, pero siempre fallaba cuando conocía de verdad a la persona en cuestión porque ponía demasiado de ella en las supuestas personalidades.

Le gustaba pensar que vivía  dentro de trozos de películas cuando algo le recordaba a ellas. Como aquel día que su padre la despertó sonriendo y diciendo “¡Buenos días, princesa!” imitando a un Roberto Benigni enamorado en La Vida es Bella, como aquel día que le preguntó enfadada a Donal “¿Por qué lo hiciste?” y él le contestó “Porque tú me lo pediste”, coincidiendo con un arrepentido Edward en Eduardo Manostijeras, o como aquel día que siempre recordará en que estaba en el comedor de su residencia intentando abrir con las manos un cartón de leche, a punto de desistir con cara de mala uva, y Ailbhe le pasó un cuchillo (de los de mango de plástico, los que cortan) sin mediar palabra, de la misma manera que Colonel Christopher Brandon/Alan Rickman le daba una navaja a Mariann Dashwood/Kate Winslet cuando intentaba partir un junco en Sentido y Sensibilidad. Ese momento le marcó por dentro, le hizo sentir como un personaje salido de la mente victoriana de Jane Austen, pero nunca lo comentó con nadie, y Ailbhe no fue consciente de lo que hizo con un simple gesto sin significado aparente.

Un día cualquiera, Muireann se levantó como cualquier otra mañana, y se alegró al comprobar que el tiempo era de su agrado: día gris con llovizna intermitente y viento del que te pone el pelo en la cara estés del lado que estés. Esto le recordaba a sus días en las islas Británicas, así que se vistió rápidamente, cogió su paraguas escocés y salió a la calle sin desayunar, aunque nunca lo hacía. Caminó sin rumbo durante  horas, escuchando todo el rato a Thom Yorke susurrándole letras imposibles al oído (I will lay me down in a bunker underground… meet the real world coming out of your shell). De vez en cuando se paraba a mirar algún kiosco o tienda que le llamaba la atención, pero su destino final iba a ser, como siempre, la estación de trenes. Se sentó en los bancos junto a personas con maleta, como si estuviera esperando su tren para irse a Montpellier, o incluso al mar Crisium. Veía cómo los vagones escupían cientos de personas que tomaban un camino independiente, personas que habían pasado juntas 5 horas de su vida y que nunca más volverían a coincidir. También vio cómo un hombre se reencontraba con su mujer y su hija pequeña, y la niña le abrazó para no volverle a dejar marchar nunca más.

¿Querría alguien alguna vez a la protagonista del relato tanto como la niña a su padre?

¿Tendría alguien que la adorara, que la tuviera de referente como ella misma tenía a Padraig, su padre?


¿Llegaría alguien a conocerla de verdad?
A lo mejor, algún día…

¡Exámenes! ¡Exámenes! ¡La cafeína sustituye mi sangre! ¡Ojeras y espirales en blanco y negro que giran sin cesar!

El 9 fiesta gorda, el 16 capital/Mando Diao/M. C. Escher... Ojalá el tiempo pase pronto, estoy deseando volver a casa.

Un saludo, si algún lector errante ha soportado la primera parte de esto.

(Duck you!)