Sunday, 28 March 2010

Tarde productiva

Sonó su móvil, le habían dado un toque. Cierto, ya no se acordaba… Hoy venía él e iban a quedar. Hace unos días tenía muchas ganas de verle, sabía que no lo estaba pasando demasiado bien últimamente porque la persona a la que más había querido en su vida tenía planeado marcharse a 2.224 km por temas de trabajo, pero ahora… Ahora Muireann no tenía ganas de nada.

Recordaba que antes de Navidad él vino a propósito para hablar con ella y pedirle consejo porque, según decía, tenía “experiencia en relaciones a distancia” y no sabía qué hacer en esta situación. Se preguntaba qué habría pasado ahora, cómo estarían las cosas entre su amigo y esta chica. Si había ido a verla, si ella había vuelto porque no soportaba estar lejos de él, si en cuanto terminara en junio la carrera se iría con ella a hacer el máster en dirección de fotografía del que tanto hablaba, y si dentro de unos meses estarían sentados en un banco de Hyde Park comiendo fish and chips el uno junto al otro viendo a las ardillas corretear de árbol en árbol sorteando las hojas secas.

Quién sabía.

Le mandó un mensaje diciendo que no se encontraba muy bien, que más tarde le llamaría. Sabía que iba a preguntarle por todo, sobre lo de siempre, y que una vez más tendría que contarle la misma historia que ya se había cansado de repetir. Le invitaría a un café, charlarían un poco, y no le volvería a ver hasta varios meses después. Todo molaba más hace tres años cuando él estaba a dos metros escasos, pensó nuestra Muireann, cuando pasara lo que pasara, siempre estaba él viendo alguna serie de anime dispuesto a contar sus penurias con la infantil de su ex y preparado para escuchar lo que hiciera falta.

No le apetecía hablar con nadie en ese momento, lo sentía muchísimo pero estaba ocupada con los ejercicios de una práctica. En fin. Era lo que tocaba.

Cogió el móvil…