Corre, Mar, Corre. Al sonido del pitido que anuncia que el tren va a salir, corre y entra por los pelos, ahógate un rato hasta que recuperes el aliento y vamos, a Augsburgo.
Al llegar, conoce a tres españolas muy majas con las que vas a pasar la noche y disfrázate de "flamenca". Peinetas y abanicos de cartulina, fajines de lunares y white russian servido por un Farruquito turco para ir empezando la velada.
Tuvimos un culebrón y todo: Resultó que Paul estaba pillado por María, pero también por la Irlandesa, e incluso le había presentado a sus padres. También resultó que a Carmen le molaba Markus, pero Markus iba a lo que iba y ella se estaba empezando a arrepentir de dejar a su novio de 7 años por él.
Tuvimos además a una niña del exorcista que gritaba que "tenía fatiga" por el balcón a las 5 de la mañana, con las consecuentes quejas de los vecinos.
Curiosa noche, sin duda.
Al día siguiente, corre otra vez para coger el tranvía a la estación y dirigirte a Salzburgo. Llega, deja las cosas en el hostal, piensa que qué suerte tuvísteis de dar con ese sitio, tan limpio y nuevo, sólo viendo unas pocas fotos en internet. Sal. Mozart por aquí, Mozart por allá. Sissi, Francisco José, Sonrisas y Lágrimas, Fraulein Maria von Trapp y demás celebridades.
Carros de caballos y turistas asiáticos (y algún que otro español) llenaban las calles, dimos con una concentración internacional de Capoeira, un hippie tocando un didgeridoo satánico y un grupo de balalaikas interpretando, cómo no, piezas de Mozart.
Las montañas nevadas aún en Mayo rodean la ciudad, y una Festung Hohensalzburg en ruinas preside todo el Patrimonio de la Humanidad que es el centro histórico.
Batidos con nombre de beagle animado, cerveza austríaca y temperaturas tropicales fueron parte del atractivo de la ciudad, además de la cantidad de Lederhosen que circulaban por ahí.
Y todo el viaje en tren por 7€. Gracias, Deutsche Bahn.