Es imposible querer o amar a un sitio o ciudad.
Se quiere o ama a las personas que conocemos en ese lugar, y creamos una falsa ilusión de que el sitio en cuestión es especial, pero no es así. Asociamos una cosa con la otra, cogemos cariño a un emplazamiento porque recordamos lo que hemos vivido ahí, pero nunca se volverán a repetir.
Porque no puedes esperar que, al darle un abrazo a la catedral de Santa Maria del Fiore, ésta te lo devuelva. Es físicamente imposible.
He dicho.