Saturday, 20 December 2008

Nos los robaron los alicantinos

De camino, en la ventana se van sucediendo paisajes.

Torres y aviones, El Altet.

Bloques y más bloques concentrados, Urbanova.

Las olas del mar van rompiendo al ritmo de Crab, y conforme el tren se acerca a la estación, no puedo evitar emocionarme. Medio año sin hacer ese recorrido, iba a ver a la gente que aprecio, y lo más importante es que iba a verle a él, que está en la misma situación que yo pero con una ventaja a su favor.

Al caminar las calles que tanto pateé escuchando música, inocentemente miro por si reconozco alguna cara, pero no ocurre hasta que llego a la Universidad.

Más tarde, ya en la 222-B, me ponen al corriente de todos los cotilleos, gente desaparecida, rollos, cuernos, rupturas, nuevos amores… Lo típico en una residencia mixta llena de hormonas efervescentes.

The time goes by quite slowly, but then I have this deep and nearly-private conversation with him, and I tell him what I’ve been thinking for a while. I tell him that I’m growing tired of everything, that my hometown, and even the whole country feel too small for me now. That I’m missing something up there, that I’ve got the feeling that everyone has moved forward with their lives excluding me easily, and that being two thousand kilometres away is harder than I thought at first. He understands, gives me a bear hug and some advice.

Llega la hora de marcharme para tener otra cita, abrazos, besos, “ya nos veremos” y “a ver si quedamos esta Navidad” que nunca se cumplirán.

Mantengo una conversación interesante y existencialista sobre la obra de ese gran director sueco con el klein Prinz, seguida de historias subidas de tono ocurridas la noche anterior. Me meto con él mientras corremos por la Avenida de la Estación para no perder el tren, despedida de 5 segundos y adiós.

Al llegar a “casa” voy a dar una vuelta con los amigos, pero todos volvemos pronto.


Curioso día.

Ojalá la parte en inglés hubiera ocurrido de verdad.