Hace unos días, un colega escribió en su blog sobre una "chica misteriosa", y no pude evitar acordarme de algo parecido que me pasó hace unos años.
En primero de carrera, yo cogía el autobús a la ciudad donde estudio los lunes por la mañana. A veces me acompañaba una amiga, pero casi siempre iba sola y esperaba en el andén 29 escuchando música. Un día me llamó la atención un chico que esperaba junto a mí. Llevaba una sudadera azul marino, barba de varios días y gafas de pasta negras. Le seguí viendo a lo largo del curso, y una vez (uauh!) me ayudó a meter la maleta en el autobús.
Imaginaba su forma de ser, le gustaba Radiohead, seguro. Y Muse, por supuesto. Probablemente era de alguna pedanía porque siempre estaba con mucha antelación en la estación. Como no lo había visto por el campus, debía de estudiar alguna carrera técnica en San Vicente, arquitectura le pegaba mucho. Era tímido, inteligente, algo soñador y tenía el típico colega "tío buenorro" pachanguero que le acompañaba a veces, pero no era de su estilo y sólo iba con él por educación. Nunca intercambié ninguna palabra con él, eso era impensable, y al terminar el curso me dio un poco de lástima porque sabía que no le volvería a ver, pero me equivocaba.
En septiembre, la misma noche que llegué a mi nueva residencia de estudiantes y empecé como novata, se acercó a mí un chico con acento curiosamente conocidico preguntándome. Me sonaba mucho, pero... ¿Podía ser? Éste no llevaba gafas, estaba moreno, tenía las piernas depiladas y llevaba chanclas.
Resultó que sí era él, y, en contraste a como yo pensaba, era un déspota, un creído altivo y ligón, y no coincidía en nada de lo que había imaginado. El platonismo desapareció rápidamente, pero nos hicimos bastante amigos con los meses. Aún no sé si prefería al personaje de ficción que había creado en mi mente o al de verdad...
Como bien dijo este amigo: "no estás enamorado de ella sino de cómo te has imaginado que es, por eso no sabes si quieres conocer más".
Ains.
En primero de carrera, yo cogía el autobús a la ciudad donde estudio los lunes por la mañana. A veces me acompañaba una amiga, pero casi siempre iba sola y esperaba en el andén 29 escuchando música. Un día me llamó la atención un chico que esperaba junto a mí. Llevaba una sudadera azul marino, barba de varios días y gafas de pasta negras. Le seguí viendo a lo largo del curso, y una vez (uauh!) me ayudó a meter la maleta en el autobús.
Imaginaba su forma de ser, le gustaba Radiohead, seguro. Y Muse, por supuesto. Probablemente era de alguna pedanía porque siempre estaba con mucha antelación en la estación. Como no lo había visto por el campus, debía de estudiar alguna carrera técnica en San Vicente, arquitectura le pegaba mucho. Era tímido, inteligente, algo soñador y tenía el típico colega "tío buenorro" pachanguero que le acompañaba a veces, pero no era de su estilo y sólo iba con él por educación. Nunca intercambié ninguna palabra con él, eso era impensable, y al terminar el curso me dio un poco de lástima porque sabía que no le volvería a ver, pero me equivocaba.
En septiembre, la misma noche que llegué a mi nueva residencia de estudiantes y empecé como novata, se acercó a mí un chico con acento curiosamente conocidico preguntándome. Me sonaba mucho, pero... ¿Podía ser? Éste no llevaba gafas, estaba moreno, tenía las piernas depiladas y llevaba chanclas.
Resultó que sí era él, y, en contraste a como yo pensaba, era un déspota, un creído altivo y ligón, y no coincidía en nada de lo que había imaginado. El platonismo desapareció rápidamente, pero nos hicimos bastante amigos con los meses. Aún no sé si prefería al personaje de ficción que había creado en mi mente o al de verdad...
Como bien dijo este amigo: "no estás enamorado de ella sino de cómo te has imaginado que es, por eso no sabes si quieres conocer más".
Ains.