Hace unas semanas vi por primera vez esta película de Ingmar Bergman, que aparece en el libro "1001 Películas que hay que ver antes de morir", por recomendación de una de las personas que más respeto en cuanto a conocimientos de cultura.
En blanco y negro, al principio tuve que luchar un poco contra el tedio que me invade siempre que veo filmes en monocromo, pero los diálogos, la aparente sencillez de la trama (un caballero que regresa junto a su escudero a su castillo a través de parajes asolados por la peste negra, encontrándose con personajes bastante variopintos en su camino) y ese continuo leitmotif existencialista hizo que pensara seriamente en aprender a jugar al ajedrez bien, por si acaso realmente a la Muerte, en su ya icónica representación de un hombre con capa negra, le apasiona este juego y tuviera que desafiarla en algún momento.
Una de las partes que más me llamó la atención fue el diálogo entre el Herrero Plog y Jöns, el escudero, cuando el primero se da cuenta de que su esposa le ha engañado con un "artista" (eso y ver a Max von Sydow impresionando a Doña Rogelia xD):

Herrero Plog - Es que yo la quiero...
Jöns - Con que esas tenemos, ¿eh? Pues te voy a decir una cosa, pobre tonto: eso de "amor" no es más que una palabra bonita que a cambio de una sombra de felicidad te proporciona toda suerte de engaños, mentiras y falsedades, amén de muy graves disgustos.
Plog - Pero me duele mucho perderla...
Jöns - Sí, también es verdad...