"Había una vez una persona que vivía en su propio mundo. Un día decidió que no podía encerrarse por más tiempo en su casa frente al ordenador descargándose sin parar archivos de forma ilegal sin más entretenimiento en los cortos días de invierno que alguna partida al Trivial Pursuit, y salió a ver qué se cocía por ahí.
Resultó que por su forma de ser peculiar, quizá por estar forjada en un país escandinavo, caía bien a la gente. Tanto que en poco tiempo llegó a tener muchísimos amigos y siempre estaba solicitado para quedar, salir a tomar algo, hacer viajes, y muchas cosas más."


En alguna que otra ocasión me he encontrado con gente así: personas agradables, educadas y simpáticas con las que pasas el rato a gusto. Pero nada más. De ahí a llegar a intimar con alguien, hay un paso muy grande.
Son conocidos, no amigos de verdad, porque cada vez que intentas lleguar al siguiente paso, contarle algo personal, su móvil suena o tiene que marcharse porque tiene un compromiso. Y no pienses siquiera en llamarle para quedar a tomar un té esa misma tarde, porque su apretada agenda no se lo permitirá.
Os lleváis bien, os contáis chorradas para aparentar una relación de colegueo, pero nunca llegarás a conocerle de verdad ni sabrás qué piensa o qué siente.
No te hagas más ilusiones.
No te hagas más ilusiones.